La Ciudad Autónoma de Buenos Aires inició la puesta en valor de una de sus esculturas más emblemáticas. Los trabajos están a cargo del MOA y se extenderán durante mes y medio.
La Ciudad, por medio del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, puso en marcha la restauración del histórico monumento a Simón Bolívar, ubicado en el corazón del Parque Rivadavia, en el barrio de Caballito. La intervención, que apunta a preservar una obra clave del acervo escultórico porteño, está a cargo del equipo del MOA (Monumentos y Obras de Arte), el taller especializado en conservación y restauración de bienes patrimoniales.
Durante las próximas seis semanas, entre dos y cinco restauradores trabajarán de lunes a viernes en la limpieza, estabilización y protección del monumento. Según se detalló, el proceso comenzó con una limpieza mecánica en seco mediante pinceles, bisturíes y lecrones para remover incrustaciones. Asimismo, se retirará la vegetación invasiva que podría comprometer la estructura. A continuación, se aplicará una limpieza química mediante compresas de agua desmineralizada, cepillado y un biocida que eliminará organismos dañinos para los materiales. Este tratamiento culminará con un nuevo cepillado y enjuague final.
A su vez, se llevarán a cabo tareas de consolidación estructural y nivelación: en las placas de revestimiento superiores se instalarán anclajes con pernos de acero inoxidable, recubiertos con mortero de cemento coloreado y aditivado. En tanto, las juntas se rellenarán con mortero de cal aérea. Finalmente, toda la estructura recibirá una capa protectora de hidrorepelente a base de silano/siloxano, aplicado mediante aspersión.
Los relieves del gran arco de mármol blanco, pieza central del conjunto escultórico, serán tratados con la misma metodología. En cuanto a la figura ecuestre de Simón Bolívar, realizada en bronce fundido, no se intervendrá directamente dado que presenta una pátina estable; solo se procederá a remover los grafitis de su base.
El monumento, una creación del escultor argentino José Fioravanti, se inauguró sobre una explanada que se ha convertido con los años en un punto de encuentro cotidiano para los vecinos. Rodeado por los árboles del parque, es habitual ver a chicos jugando a la pelota, personas en bicicleta y visitantes recorriendo los puestos de las Ferias Especiales que allí se instalan los fines de semana. En lo alto, la inscripción reza: “A Simón Bolívar, la Nación Argentina”, mientras que las esculturas femeninas de mármol representan alegóricamente a “La Inspiración” y “La Gloria”.
En este sentido, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, subrayó: “Las plazas y parques de la Ciudad son un museo a cielo abierto: cada escultura y cada monumento es testimonio de nuestra identidad, de nuestra historia y de la enorme riqueza cultural que nos distingue. Por eso trabajamos para cuidarlos y preservarlos”.
Por su parte, el ministro Ignacio Baistrocchi sostuvo: “Son más de 2.000 esculturas y monumentos que forman parte del paisaje urbano y constituyen la memoria de nuestros barrios. Cada restauración busca lo mismo: conservar el patrimonio público y que los vecinos puedan disfrutarlo en buenas condiciones. Este monumento es parte de nuestra historia y por eso lo restauramos, pero también necesitamos del compromiso de todos para mantenerlo”.
La iniciativa se inscribe en el plan general de puesta en valor del patrimonio público, y encuentra en el MOA su brazo técnico y operativo más experimentado. Fundado en 1952, este taller, ubicado en la Plaza Sicilia del Parque Tres de Febrero, reúne a escultores, restauradores y técnicos que trabajan a diario en la preservación de más de 2.400 obras que forman parte del mobiliario urbano de CABA.
El MOA atraviesa actualmente un proceso de transformación y ampliación. El proyecto contempla la refuncionalización del edificio histórico, incluyendo la creación de un nuevo pabellón de restauración con equipamiento actualizado, un área pública con espacios para exposiciones, un archivo de consulta para investigadores y un salón de usos múltiples donde se prevén charlas y actividades para los vecinos. Cabe destacar que el inmueble que hoy alberga al taller perteneció, entre 1835 y 1854, al personal doméstico de la quinta de Juan Manuel de Rosas.

