Durante años permaneció inmóvil sobre una de las postales más reconocibles de Mataderos. Sin marcar las horas ni hacer sonar sus campanadas, el histórico reloj del antiguo Mercado de Hacienda parecía haberse convertido en una reliquia silenciosa del pasado. Ahora, tras un complejo proceso de restauración, la emblemática pieza se prepara para volver a la vida.
La recuperación del mecanismo forma parte de las obras de puesta en valor que se desarrollan en el conjunto histórico ubicado sobre la avenida Lisandro de la Torre, uno de los espacios más representativos de la identidad porteña y del vínculo de Buenos Aires con la tradición ganadera que dio origen al barrio.
Fabricado en Francia a fines del siglo XIX, el reloj llegó al país junto con la construcción del mercado inaugurado en 1901. Desde entonces acompañó la intensa actividad comercial que convirtió a Mataderos en uno de los motores económicos de la Ciudad. Sus campanadas marcaron el ritmo de jornadas de trabajo, remates de ganado y la vida cotidiana de generaciones de vecinos.
Con el paso del tiempo, el deterioro de la maquinaria terminó por dejarlo fuera de servicio. Durante más de diez años permaneció detenido mientras el edificio histórico continuaba enfrentando el desgaste natural provocado por el paso de las décadas.
La restauración implicó desmontar componentes, reconstruir piezas y recuperar el funcionamiento original de un sistema mecánico que todavía requiere mantenimiento manual para mantenerse operativo. El trabajo estuvo a cargo de especialistas en relojería monumental, una disciplina cada vez menos frecuente debido a la complejidad técnica que demandan estas estructuras históricas.
La intervención forma parte de un proyecto más amplio que busca recuperar el antiguo corazón de Mataderos. Las obras incluyen la restauración de fachadas, galerías, elementos ornamentales y sectores emblemáticos del conjunto arquitectónico que fue declarado Monumento Histórico Nacional a fines de la década de 1970.
También avanzan los trabajos sobre el monumento El Resero, la escultura que se alza frente al mercado y que representa una de las imágenes más asociadas al barrio. La pieza fue sometida a tareas de conservación para frenar el deterioro causado por la exposición permanente a las condiciones climáticas.
Más allá de la recuperación arquitectónica, la iniciativa busca preservar un espacio que forma parte de la memoria colectiva porteña. Cada fin de semana, miles de personas llegan a Mataderos para recorrer su tradicional feria, asistir a espectáculos folklóricos y mantener vivas costumbres ligadas a la cultura gauchesca.
Cuando las agujas vuelvan a moverse, el reloj no sólo recuperará su función original. También volverá a ocupar el lugar que tuvo durante más de un siglo: el de un símbolo capaz de conectar el presente del barrio con una de las páginas más importantes de su historia.

