La reducción del uso de bolsas plásticas descartables ya muestra un impacto concreto en la Ciudad de Buenos Aires. Desde que en 2017 comenzó a regir la prohibición de entregar bolsas livianas no biodegradables en supermercados, hipermercados y autoservicios, se evitó la circulación de 4.750 millones de unidades, una cifra que representa unas 23.750 toneladas de plástico que no llegaron al ambiente.
El dato se conoció en el marco del Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, que se conmemora cada 3 de julio, y de la campaña mundial «Julio sin Plástico», iniciativas que buscan generar conciencia sobre la necesidad de disminuir el consumo de productos descartables y adoptar hábitos de compra más sustentables.
Según las estimaciones oficiales, la cantidad de plástico que dejó de utilizarse equivale al volumen de 1.580 camiones recolectores completamente cargados, un indicador que permite dimensionar el alcance de una política ambiental que modificó los hábitos de consumo de millones de personas en la Ciudad.
La restricción al uso de bolsas fue el primer paso de una estrategia más amplia para reducir los plásticos de un solo uso. Dos años después, la normativa se extendió a los sorbetes plásticos, cuya entrega, comercialización y utilización quedó prohibida en locales gastronómicos, hoteles, shoppings, kioscos y otros establecimientos. Antes de esa medida, solo los patios de comidas de los centros comerciales porteños consumían cerca de dos millones de sorbetes por mes.
Las autoridades remarcan que el cambio de hábitos cotidianos sigue siendo un factor clave para profundizar estos resultados. Llevar bolsas reutilizables al hacer las compras, usar botellas recargables, evitar cubiertos descartables y optar por envases reutilizables o de vidrio son algunas de las prácticas que contribuyen a reducir la generación de residuos.
La preocupación responde a un problema ambiental que trasciende las fronteras de la Ciudad. Gran parte del plástico producido en el mundo termina en ríos, mares y océanos, donde afecta a la fauna y se fragmenta en microplásticos que permanecen durante décadas en los ecosistemas. En el Río de la Plata, distintos estudios ya detectaron la presencia de estas partículas en especies de peces como surubíes, pejerreyes y carpas, una evidencia del alcance que tiene la contaminación por plásticos y de la importancia de seguir impulsando políticas orientadas a reducir su consumo.

