En una de las zonas más elegantes y transitadas de Buenos Aires, la Plaza San Martín de Tours conserva un patrimonio natural que muchas veces pasa desapercibido para quienes recorren Recoleta. Entre senderos, jardines y monumentos se alzan árboles centenarios que no solo forman parte del paisaje urbano, sino que también representan un valioso legado histórico y ambiental de la Ciudad.
Este espacio verde, ubicado entre la avenida Alvear y las calles Paraná y Adolfo Bioy Casares, es conocido por su entorno arquitectónico y por integrar uno de los circuitos turísticos más visitados del barrio. Sin embargo, uno de sus mayores tesoros está en su arbolado, compuesto por ejemplares únicos que fueron declarados Árboles Históricos y Notables debido a su antigüedad, dimensiones y vínculo con distintos momentos de la historia porteña.
Entre ellos se destacan seis enormes gomeros que dominan el paisaje con sus copas de gran tamaño y sus raíces monumentales. Cinco pertenecen a la especie Ficus macrophylla y uno a Ficus microcarpa, todos incorporados al registro oficial de árboles notables por su extraordinario valor paisajístico y patrimonial.
Los registros históricos indican que estos ejemplares comenzaron a crecer a principios del siglo XIX, cuando la zona todavía estaba ocupada por antiguas quintas y residencias familiares. Se atribuye su plantación a Martín Altolaguirre, propietario de una importante finca que ocupaba parte del actual barrio de Recoleta. Con el paso de más de dos siglos, estos árboles se transformaron en verdaderos monumentos naturales y hoy son considerados parte de la identidad del lugar.
Especialistas sostienen además que varios de estos gomeros serían descendientes del histórico Gomero de la Recoleta, uno de los árboles más emblemáticos de Buenos Aires, ubicado a pocos metros de allí, en la Plaza Juan XXIII. Esta relación convierte a la Plaza San Martín de Tours en uno de los sectores con mayor valor botánico de la Ciudad.
Otro de los ejemplares que despierta el interés de quienes visitan el lugar es la conocida Palmera de Avellaneda. Se trata de una Phoenix canariensis que originalmente formaba parte del jardín de la residencia del expresidente Nicolás Avellaneda. Cuando el árbol comenzó a presentar problemas que comprometían su conservación en ese sitio, fue donado a la Ciudad y reubicado en la plaza, donde continúa formando parte del patrimonio histórico porteño.
La presencia de estos árboles va mucho más allá de su importancia ornamental. Además de aportar sombra, mejorar la calidad del aire, absorber dióxido de carbono y contribuir a disminuir las temperaturas durante el verano, constituyen un testimonio vivo de la evolución de Buenos Aires. Cada uno de ellos fue creciendo al mismo tiempo que la Ciudad cambiaba su fisonomía, convirtiéndose en silenciosos testigos de más de un siglo de historia.
Precisamente por ese valor excepcional, estos ejemplares reciben un tratamiento diferente al del resto del arbolado urbano. Equipos especializados realizan inspecciones periódicas para controlar su estado sanitario, evaluar la estabilidad de ramas y raíces y detectar cualquier signo de deterioro que pueda comprometer su conservación.
Los estudios permiten definir trabajos específicos, como podas de preservación, tratamientos fitosanitarios y otras intervenciones destinadas a prolongar la vida de cada árbol sin afectar sus características naturales. Las tareas son coordinadas por las áreas técnicas encargadas del mantenimiento del arbolado público, que aplican protocolos especiales para este tipo de ejemplares patrimoniales.
La Plaza San Martín de Tours representa así mucho más que un espacio para descansar o pasear. Es un sitio donde naturaleza e historia conviven en un mismo escenario, ofreciendo a vecinos y turistas la posibilidad de conocer algunos de los árboles más antiguos y emblemáticos de Buenos Aires.
En una ciudad donde el crecimiento urbano avanza constantemente, estos gigantes verdes continúan siendo un símbolo del patrimonio natural porteño y un recordatorio de la importancia de preservar aquellos espacios que forman parte de la memoria colectiva de generaciones de vecinos.

