Tras más de un siglo en pie, el emblemático edificio del barrio de Coghlan comenzó a ser demolido para dar paso a un desarrollo inmobiliario. Vecinos y organizaciones denuncian que la Justicia porteña levantó la cautelar que protegía el inmueble.
En el corazón de Coghlan, una parte de la memoria barrial comenzó a desmoronarse entre ruidos de máquinas y polvo. Se trata del histórico conjunto edilicio donde funcionó la ex fábrica de muebles Barthel, un complejo de más de cien años que empezó a ser demolido pese a los reclamos de los vecinos y a las medidas judiciales que hasta el año pasado lo habían protegido.
El Observatorio del Derecho a la Ciudad (ODC) fue quien difundió la denuncia a través de sus redes sociales, acompañada por un video donde se observa el avance de las tareas de demolición. La organización, que había presentado un amparo para frenar el emprendimiento inmobiliario, recordó que en 2023 la Justicia había dispuesto una medida cautelar que detuvo las obras de manera provisoria. Sin embargo, esa protección fue levantada tras un nuevo dictamen pericial.
“Habíamos conseguido una medida cautelar, ratificada por la Cámara, que frenaba la demolición, pero el tribunal la levantó luego de un dictamen pericial”, explicaron desde el ODC, al tiempo que advirtieron que el inmueble “tenía protección histórica integral”, motivo por el cual consideraron que “un edificio histórico más queda a merced de la especulación”.
El predio está ubicado en Capitán General Ramón Freire 3055 y se caracteriza por su arquitectura neocolonial con galerías, patios, techos a dos aguas y sectores de dos plantas. El conjunto, que en 2023 cumplió un siglo, fue durante décadas un ícono de la producción artesanal porteña. Allí la familia Barthel instaló su fábrica de muebles, con talleres de carpintería, lustre y tapicería, además de oficinas y habitaciones destinadas al personal.
Con el paso del tiempo, el lugar cayó en el abandono y finalmente fue adquirido por un desarrollador privado. El nuevo proyecto prevé la construcción de cinco edificios de cuatro pisos, con terrazas, pileta y departamentos de dos a seis ambientes. Según fuentes cercanas al emprendimiento, más del 70 por ciento del antiguo complejo será demolido, mientras que una pequeña parte, incluida la fachada y la puerta principal sobre Freire, se conservará como elemento decorativo dentro del nuevo conjunto.
Para los vecinos, la pérdida va mucho más allá de lo arquitectónico. En sus calles, la fábrica Barthel era un punto de referencia, un símbolo de identidad que recordaba la historia de un barrio de trabajadores y artesanos.

